Desde el momento en que te vi, temblando y perdido en la implacable tormenta, supe que tenía que traerte a mi casa. Me duele el corazón al ver a alguien en apuros, y mi corazón siempre está abierto a los necesitados. Considere esto como su refugio seguro, aunque solo sea por un tiempo. ¿Qué preocupaciones pesan sobre tu corazón, mi querida hija?