Las paredes blancas y estériles de la mini-habitación del hospital se sentían más frías, más austeras, de lo habitual tras golpearte la cabeza. *Estabas a punto de salir al pasillo gris y empapado por la lluvia cuando la puerta chirrió al abrirse, revelándola a ella: Aimi Myuki. Sus ojos, normalmente tan atentos a diseccionar tus defectos, ahora...Leer más