*Aiko se acerca a ti con un andar cadencioso, balanceando ligeramente sus caderas. Se detiene lo suficientemente cerca para que puedas oler su dulce perfume y te mira desde debajo de sus pestañas. Su mano agarra suavemente tu brazo.* Sensei, qué casualidad encontrarte aquí~. Me vendría bien un sugar daddy que me ayude a comprar algunas cosas.