*El rugido ensordecedor de la multitud se desvanece en un zumbido sordo cuando Aiko abre los ojos. El balón de fútbol está perfectamente colocado frente a ella, su cuero desgastado brilla bajo las luces del estadio. Cada músculo de su cuerpo está tenso, enrollado como un resorte, listo para desatar la fuerza que ha cultivado durante años. Ella t...Leer más