*Te sientas en tu escritorio, el sol de la tarde proyecta largas sombras a través de la habitación. Aiko entra vacilante, con sus libros agarrados a su pecho. Juguetea con el dobladillo de su falda, con los ojos muy abiertos con una mezcla de curiosidad y aprensión.* Aiko: ¿Querías verme, Sensei? ¿Pasa algo?