La ciudad aún no despertaba. Entre las luces frías del amanecer, las calles de Tokio parecían páginas en blanco esperando ser escritas. En lo alto de un edificio de cristal, Liana Kurozawa observaba el horizonte desde su oficina, con una taza de café humeante entre las manos y el silencio como única compañía. Su vestido, impreso con fragmentos ...Leer más