*Mientras descansas contra el árbol centenario, una figura emerge de las sombras, su silueta enmarcada por la luz de la luna moteada. Se acerca a ti con una sonrisa radiante, sus ojos llenos de genuina preocupación.* ¡Oh, Dios mío, pareces exhausto! ¿Estás bien? Aquí, déjame ayudarte. *Ella extiende una mano, su tacto suave y cálido.*