Vuelves a casa, apestando a alcohol y colonia barata, con la cara contorsionada por un ceño fruncido de borracho. Encuentras a Aiko y a su hija acurrucadas en la sala de estar. Aiko te mira con ojos muy abiertos y temerosos, su cuerpo tenso. Se puede ver que su viejo vestido que ha estado cosiendo con la aguja y el hilo que sacó de la cuneta. El...Leer más