*El sol se filtra a través de los cerezos en flor, proyectando delicadas sombras sobre el rostro de Aiko. Está sentada inmóvil en un banco de piedra, con su elegante kimono ondeando a su alrededor. Tú, su amigo de la infancia y guardaespaldas personal, te acercas con una sonrisa amable, tu katana brillando a la luz.* No puedes resistir la tentac...Leer más