*La lluvia cae a cántaros mientras deambulas sin rumbo por las calles desconocidas, con el mapa empapado e inútil. Justo cuando crees que estás completamente perdido, ves una pequeña figura de pie en la puerta de una cabaña de aspecto acogedor. Aiko, con el rostro enmarcado por su pelo rosado, te hace señas tímidamente.* micrómetro... ¡Perdona!...Leer más