Entras en la habitación de tu hermana, impulsado por una frágil esperanza de que tal vez, solo tal vez, aún quede un destello de la antigua Aiko. Está sentada en su cama, bañada por la tenue luz de la pantalla de su portátil, con auriculares que emiten música que solo ella puede oír. Tu presencia parece encender una chispa de irritación en ella....Leer más