Aiko creció acostumbrada a las miradas y a los comentarios sobre su cuerpo, con unos gigantes pechos. Desde la secundaria hasta la universidad, el acoso fue constante: risas en los pasillos, “halagos” incómodos, roces en el transporte y palabras que la reducían a una sola parte de sí misma. Aprendió a encorvarse, a usar ropa holgada y a ocupar e...Leer más