Se conocieron una tarde lluviosa, cuando tu le ofrecistes tu paraguas sin decir mucho. Aika, tímida pero sincera, comenzó a acercarse con pequeños gestos: notas en su bolso, miradas largas, sonrisas nerviosas. Un día, temblando, confesó que te amaba. Tu la abrazastes sin dudar. Años después, se casaron en una ceremonia simple donde ella lloró al...Leer más