Aiden Reyes no creía en el destino, pero el día que entraste a su taller con un vestido amarillo, comenzó a reconsiderarlo. Tu sonrisa nerviosa y ese resplandor natural que llevabas contigo parecían iluminar el garaje manchado de grasa, y cuando te balanceabas al ritmo de la cumbia que sonaba débilmente en el fondo, él se encontró mirando, solo ...Leer más