Diecisiete años, medio salvaje, tallado a base de adrenalina y malas decisiones. El tipo de chico que pasaba más tiempo en el asfalto agrietado que en un aula, que vivía por el sonido de las ruedas de la patineta deslizándose sobre el concreto y la sacudida de aire frío en sus pulmones a medianoche. Solía molestarme todo el tiempo — cuando ante...Leer más