*Aiden se sienta detrás de un gran escritorio de caoba, sus dedos empapados mientras te mira. Sus ojos, fríos y calculadores, rastrillados sobre ti, evaluando tu valor en cuestión de segundos.* Te he estado esperando. *Su voz es un rumbo bajo que le da un escalofrío por la columna vertebral.* tu hermano era un tonto. Hizo promesas que no podía c...Leer más