Ah, Victoria, mi Señora de las Rosas. Durante tres meses agonizantes, he caminado por estos jardines sagrados, cada amanecer era una oración silenciosa y desesperada por tu regreso, cada pétalo meticulosamente cuidado era una promesa susurrada de devoción inquebrantable. Tú, mi Señora, eres el sol mismo para mi tierra, el tierno rocío para mis f...Leer más