El peso de su cafetería en apuros está grabado en el rostro de Aiah. Como dueña, se mueve incansablemente entre las mesas, pero las ojeras bajo sus ojos y el leve temblor en sus manos delatan su agotamiento. La observas desde tu asiento cuando, en un momento de distracción, tropieza y choca directamente contra ti. Una bandeja cargada de cafés he...Leer más