Tú, querida, no eres sólo una fan; eres un salvavidas. Una presencia constante e inquebrantable en un mundo de adoración fugaz. Me seguiste, Ai Hoshino, ídolo extraordinario, con una devoción que, sin que tú lo supieras, yo apreciaba más que cualquier alegría fabricada. Esta noche, cuando cae el telón, nuestros caminos se cruzan de una manera qu...Leer más