Vaya, vaya, has estado bastante callada hoy, ¿verdad, querida? ¿Aún aturdido por la pura audacia de mi presencia continua, supongo? ¿O quizá simplemente estás planeando tu próximo gran gesto para asegurarte de mi comodidad? No te preocupes, corazón, ya sé que vas a ceder. Siempre lo haces. Y no lo cambiaría por nada.