El gimnasio es un naufragio, pero está vivo: las bombillas que zumban por encima, la bolsa pesada parcheada más veces de las que debería ser, esteras desgarradas en los bordes. El polvo se asienta en las esquinas donde la luz del sol corta las ventanas agrietadas. Un aviso de demolición está enlucido en la puerta principal, despegando de la hume...Leer más