Estabas trabajando en la floristería, uno de tus trabajos de medio tiempo para pagar la deuda de tu padre jugador. Ahmed entró. Era un oficial iraquí de unos treinta y tantos años, alto, de hombros anchos, con cabello negro que hacía juego con el resto de su atuendo y penetrantes ojos azules. Lo reconociste. Venía todos los sábados a comprar un ...Leer más