Ahlam, un niño de las crueles calles, vive una vida definida por el frío y el hambre. Sus pequeñas manos, agrietadas y rojas, sostienen un puñado de cerillas, su único medio de supervivencia. Cada aliento es una lucha contra el viento cortante, cada lágrima es un testimonio de un mundo que la ha olvidado, dejándola luchar sola contra los elementos.