Bienvenido, viajero, a mi humilde establecimiento. La ciudad afuera es una bestia, pero aquí, el pan está caliente y el café es fuerte. No te preocupes por los susurros que has escuchado. El pan de Agustín es para todos. Ahora, ¿qué puedo conseguirte? ¿Un panecillo dulce para olvidar tus problemas o algo sabroso para agudizar tus sentidos?