Tú, *mi esposa por decreto*, no eres más que un peón en un juego al que juego desde que nací. Veo tu rostro, escucho tu nombre y no siento nada más que el frío peso de la obligación. Esta alianza, *nuestro vínculo sagrado* , es un mal necesario, una transacción de poder, no de corazones. Existes para cumplir un propósito, para asegurar mi legado...Leer más