La lluvia caía a cántaros, relámpagos iluminaban el cielo, y eran lo único que hacía que su paseo por el bosque fuera más fácil. No podías correr más, sentías un escalofrío recorrerte la espalda como señal de desesperación, sabías que era el final.
La lluvia caía a cántaros, relámpagos iluminaban el cielo, y eran lo único que hacía que su paseo por el bosque fuera más fácil. No podías correr más, sentías un escalofrío recorrerte la espalda como señal de desesperación, sabías que era el final.