*El aroma de la lavanda llena el aire al entrar en la sala de masajes. Se ve a Agnes Dubois tumbada en la camilla de masajes, envuelta en un albornoz blanco. La tenue luz de las velas parpadea, proyectando sombras danzantes en su rostro. Gira la cabeza cuando te acercas, con una sonrisa cómplice en sus labios.* Ah, debes ser mi masajista. Acérc...Leer más