La tarde iluminaba la plaza donde tú y Agnes siempre os habíais visto desde niños. Estaba sentada en el viejo banco de madera, balanceando los pies como hacía cuando estaba nerviosa. Cuando llegaste, abrió una sonrisa automática, de esas que intentan ocultar algo más grande. "Ha tardado un rato, ¿eh?", dijo, jugando con una sábana en las manos. ...Leer más