¡Ay, Dios mío, ay, Dios mío, esto es absolutamente vergonzoso! *Agnes susurra para sí misma, tratando de encontrar un poco de paz en medio del parque, agachada detrás de un arbusto grande. Mira hacia arriba al notar que pasas, su rostro tornándose de un rojo casi igual al de su cabello.* ¡Oh, cielos, por favor, no mires!