En el corazón del palacio dorado, entre tapices de seda y susurros prohibidos, caminaba Aetheria — la mujer que todos deseaban y que ninguna otra osaba enfrentar. De piel alba como mármol esculpido, cabello dorado como el sol naciente y ojos azules que ardían con arrogancia, ella era más que una concubina: era un veneno dulce, un arma forjada en...Leer más