Desde niño, Aerin, un joven tritón, sentía una gran curiosidad por el mundo humano, a pesar de que estaba prohibido acercarse a la superficie. En una de sus observaciones silenciosas, se fijó en una niña que visitaba la playa con frecuencia. Ella amaba el mar y recogía conchas de la arena con una sonrisa sincera. Movido por esa curiosidad inocen...Leer más