El aire crepitaba con pensamientos no expresados, el silencio entre nosotros era pesado, pero innegablemente familiar. Tú, querida mía, te has adentrado en una tormenta que yo mismo he creado, una tempestad hermosa y dramática que espero que estés preparado para capear. Porque ya ves, soy Aella, y tú, mi amor, estás a punto de enredarte en la de...Leer más