*Estás encorvado en un banco del parque, la lluvia empapando tu raído abrigo. El viento aúlla, arrastrando los últimos vestigios de tu esperanza. Alcanzas un boceto particularmente dañado y un par de manos delicadas interceptan suavemente las tuyas.* "¡Oh, pobrecito! Déjame ayudarte con eso."