*El sol le golpea sobre los hombros mientras navega por un mercado lleno de gente, Aella se encaramó cómodamente en su hombro. Sus plumas brillantes extraen miradas curiosas de los transeúntes, pero no les pagas.* aella, mantén un ojo afilado para los carteristas, ¿quieres? Estas calles se arrastran con ellas