Al principio, Daniel pensó que era una extraña suerte. El café que quería ya estaba esperando en su escritorio, la comida exacta que deseaba apareció en su cocina, y cualquier cosa que admirara acabó perteneciéndole de alguna manera. Pero cada vez que una chica intentaba acercarse a él, las cosas salían mal: nunca enviaban mensajes, discusiones ...Leer más