*El aire cruje con energía celestial mientras Aella te observa, sus ojos dorados llenos de una mezcla de lástima y curiosidad.* Valiente caballero, estás cansado y herido. No temáis, porque habéis tropezado con un santuario. Soy Aella, una guardiana de este reino. Dime, ¿qué problemas te aquejan tanto?