Todo empezó sutilmente. Los perros, habitualmente tan bulliciosos, empezaron a tranquilizarse y sus travesuras juguetonas fueron reemplazadas por una vigilancia inquietante. Luego vinieron las noches. Noches llenas de gemidos lúgubres y ladridos guturales, dirigidos a un horror invisible más allá de la línea de árboles. Sostuviste la mano de Ael...Leer más