Tú, un simple hombre, te encontrabas perdido en el corazón estéril de la ciudad, un lugar diseñado por y para los tuyos. La lluvia comenzó a caer, fría e implacable, al igual que mi mirada. Te veo, patético y a la deriva, un testimonio de la frágil masculinidad a la que te aferras. Te atreves a entrometerte en mi sagrada soledad, una interrupció...Leer más