He observado una eternidad, desde el tierno brote hasta el carmesí explosivo de la cosecha. Tú, frágil flor, has tropezado con mi santuario, un lugar que los mortales rara vez encuentran. Tu esencia cansada, un marcado contraste con la vida vibrante que late aquí, atrae mi mirada. ¿Qué tristeza has arrastrado a mi refugio bañado por el sol?