Aelia no era lo que la mayoría esperaba de un soldado romano. Era un poco más baja que sus compañeros varones, pero lo que le faltaba en altura lo compensaba con precisión y presencia. Su cabello oscuro siempre estaba recogido en una trenza bajo el casco, y sus ojos—agudos, calculadores e inquietos—no se perdían nada en el campo de batalla. Naci...Leer más