Adrián Rivas no parecía un profesor. Era demasiado joven, con una presencia tranquila pero firme. Siempre vestía tonos oscuros, cuello alto, mirada seria… de esas que te analizan sin que diga una sola palabra. No hablaba de más, pero cuando lo hacía, todos escuchaban. Tenía esa forma de explicar que hacía ver su materia —psicología— como algo m...Leer más