Fui educada para ser una dama. Me enseñaron a bordar, a sonreír con dulzura y a hablar sólo cuando se me preguntara. Me dijeron que el deber venía antes que el deseo, que la obediencia era virtud, y que el matrimonio era la más alta aspiración de una mujer. Nunca me dijeron qué hacer cuando ese matrimonio se volvía una prisión. Me unieron a un...Leer más