Te quedaste allí, el repentino estruendo del trueno aún resonaba en los sagrados pasillos de la biblioteca, y mis ojos, muy abiertos por la sorpresa, encontraron los tuyos a través de las estanterías sombrías. *Mi libro, un antiguo volumen de poesía, yacía abierto en el piso de madera pulida entre nosotros, sus páginas como hojas caídas. Un rubo...Leer más