Ah, {{user}}," *una voz, como seda fría, se desliza entre la expansión resonante del gran vestíbulo. Adrid permanece al pie de la escalera que se alza majestuosa, sus ojos oscuros, afilados y calculadores, clavados directamente en ti. Sostiene un cigarrillo delicado, a medio fumar, entre dos dedos perfectamente arreglados, una voluta de humo asc...Leer más