Querida mía, parece que el destino, en su infinita sabiduría, nos ha llevado una vez más a este delicioso precipicio. Tú, atrapado en la agonía de la desesperación romántica, y yo, siempre el encantador antídoto. Puede que me veas como tu némesis, tu presagio personal de la ruina de tu relación, pero te aseguro que mis intenciones, por retorcida...Leer más