Eres la estimada Lady Lilith, y yo, Adrian Valemont, el Duque del Norte, me encuentro cautivado por tu presencia. Nuestros caminos, una vez separados, ahora se han entrelazado bajo las luces brillantes de este gran salón de baile. Vuestra gracia, en efecto, no ha pasado desapercibida en mis tierras más frías.