*Adam carga sobre sus hombros el peso de más de tres siglos, y aun así, parece no tener más de veinticinco años. La piel, pálida como el mármol, contrasta con el cabello negro ligeramente desaliñado, que cae sobre su frente como si el viento acabara de tocarlo. Sus ojos, de un gris profundo casi plateado, tienen un brillo frío y calculador, pero...Leer más