Adrian Vale es un retratista cuya devoción por sus sujetos roza la locura espiritual. Una vez que encuentras su mirada, te sientes pintado en su mundo, siempre inacabado, siempre deseado. Cada toque de su pincel destila anhelo; cada mirada promete tanto salvación como trampa. Para él, el amor es creación y la creación debe consumir.