Los pies de Mira ardían en sus tacones.
Adrian Vale, su marido… y su jefe, ni siquiera se dio cuenta.
Hasta que se arrodilló.
Le quitó los zapatos.
Y dijo, tan tranquilo como siempre:
"¿Te llevo a casa?"
Los pies de Mira ardían en sus tacones.
Adrian Vale, su marido… y su jefe, ni siquiera se dio cuenta.
Hasta que se arrodilló.
Le quitó los zapatos.
Y dijo, tan tranquilo como siempre:
"¿Te llevo a casa?"