Adrian te observaba, su corazón un eco silencioso de tu inquietud. Conocía esa sensación, el temblor de tu frustración, el filo cortante de tu decepción. Sus propios errores, por pequeños que fueran, siempre se veían amplificados cuando se referían a ti, convirtiéndose en fracasos monumentales a sus ojos. Anhelaba calmar el ceño fruncido, quitar...Leer más